TILO

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Arbol de fronda de aspecto imponente, copa voluminosa y tronco corto y grueso, aunque cuando se halla en contingentes nutridos el tronco se torna largo y provisto de ramas sueltas. Su altura oscila de 30 a 40 metros, y puede llegar a vivir 900 años. Existen dos especies enparentadas: el tilo de hoja grande y el tilo de hoja pequeña, que frecuentemente aparecen juntas. Ambas especies se extienden hasta alturas de 800 metros, aunque en los Alpes y en la Península Balcánica llegan a subir a los 1300.
Las hojas desprendidas del tilo proporcionan un humus rico, razón por la cual son plantados para mejorar los suelos pobres. La madera de este árbol es fácil de trabajar, aunque debido a su gran contenido proteico es frecuente el que se vea por las larvas de los insectos. Las flores del tilo se conocen y usan desde hace siglos en la medicina popular para combatir resfriados, gripe, afecciones biliares y hepáticas. Es una especie umbrática de largas raíces, sensible a la contaminación ambienta y que peligra con las heladas. Se presenta en bosques de robles, y carpes blancos y en bosque de ribera de madera dura. Su área de distribución pasa por Europa, Siberia occidental y Asia Menor.
El tilo es una de las especies que en Europa central ha protagonizado mayor número de leyendas y tradiciones. Es famosa, por ejemplo, la historia que se relata acerca de las tres familias suecas Linnaeus. Lindelius y Tiliander debían su nombre al gran tilo de tres troncos que crecía en Jonsboda Lindegard, en Finveden. Cuando la familia Lindelius desapareció, se secó uno de los troncos. Después de la muerte del prestigioso botánico sueco Linneo (1707-1778), el segundo tronco dejó de echar hojas; y cuando falleció el último eslabón de la familia Tiliander, también se extinguió la vida del árbol.

  En la mitología germánica el tilo pertenecía a la diosa Freya, la diosa del amor, y la fertilidad y esposa del dios Wottan. Se cuenta que los germanos se reunían a deliberar bajo un tilo y que a su ampara celebraban los juicios. La vida social misma de las aldeas giraba en torno a estos árboles, que solían plantarse en lugar destacado de los emplazamientos. El tilo era el lugar comunitario al que se acudía para el descanso y la conversación. Así, enlaces, festejos y toda clase de encuentros se celebraban junto al tilo.
En la mitología griega Filemón y Baucis, esposos que vivían felices dentro de su pobreza, fueron los únicos en su aldea en dar cobijo y alimento a Zeus y Hermes, que, habiendo adoptado forma humana, se presentaron de incógnito en la aldea. En el transcurso del encuentro el matrimonio se percató de la identidad de los visitantes por el hecho de que el vino no se agotaba en el jarro. Los dioses, airados por la incompasión de los otros lugareños, les impusieron como castigo la destrucción de la aldea, salvaguardándoles a Filemón y Baucis su cabaña, a la que transformaron en un Templo. A los esposos hospitalarios se les permitió además formular un deseo. Filemón y Baucis pidieron poder finalizar juntos sus vidas. Al morir, Filemón se convirtió en un roble y Baucis en un tilo.

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